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En este bloque vas a descubrir cómo eran las ciudades a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Después del derribo de las murallas, las ciudades crecieron y cambiaron profundamente: surgieron barrios nuevos, amplias avenidas, parques, plazas y diferentes tipos de viviendas, que reflejaban cómo vivían las distintas clases sociales. La ciudad moderna se convirtió en un espacio de progreso, tecnología y modernidad, pero también de desigualdad. Mientras las familias burguesas habitaban en zonas amplias y bien planificadas, los trabajadores vivían en barrios más densos y con peores condiciones. También aparecieron las primeras propuestas para mejorar la vida obrera, como las denominadas “casas baratas" o la Ciudad Lineal de Arturo Soria. Durante esta etapa, los espacios públicos —plazas, bulevares o paseos— se transformaron en escenarios de convivencia, paseo y prestigio. En ellos, la vida urbana adquirió una nueva dimensión social y cultural. En este momento aprenderás a leer la ciudad moderna como un reflejo de la sociedad que la construyó, analizando sus contrastes y descubriendo cómo sus infraestructuras, viviendas y espacios abiertos moldearon la vida cotidiana. |
Momento 3. Transformaciones sociales y espaciales en la ciudad moderna
La ciudad que emerge a finales del XIX y principios del XX es fruto de la modernización iniciada con los ensanches. Una vez abierto el espacio urbano, aparecen nuevas dinámicas sociales y espaciales que transforman la vida de sus habitantes. El urbanismo dejó de centrarse únicamente en abrir espacio y pasó a ocuparse de cómo organizar ese espacio y qué vida social debía acoger.
La zonificación social de la ciudad moderna
La modernidad trajo consigo una organización espacial más rígida y diferenciada. Los ensanches fueron ocupados en gran parte por la burguesía, que buscaba viviendas amplias, higiénicas y representativas en avenidas arboladas y calles rectilíneas. En contraste, la clase obrera fue relegada a barrios periféricos o extrarradios, muchas veces carentes de servicios básicos y con construcciones improvisadas. Este contraste visualizaba la brecha social y urbana.
La creciente preocupación por las condiciones de vida obreras dio lugar a proyectos innovadores. Entre ellos destacan las denominadas “casas baratas”, viviendas promovidas por el Estado o asociaciones para facilitar el acceso a hogares más higiénicos y económicos. Obras como El Hogar Propio (1930) o ¿Qué es una casa barata? recogen estos intentos de atender a la vivienda obrera, aunque en la práctica fueron insuficientes frente a la magnitud de la demanda.
En paralelo, surgieron propuestas más utópicas e innovadoras, como la Ciudad Lineal de Arturo Soria y Mata (1897). Su proyecto proponía una ciudad organizada a lo largo de un eje central con transporte público, en torno al cual se distribuían viviendas unifamiliares con jardín y huerto. El lema de Soria lo resume bien: “Para cada familia una casa, y en cada casa un huerto y un jardín”. La Ciudad Lineal buscaba conciliar urbanismo, salubridad y justicia social, garantizando el contacto con la naturaleza y mejores condiciones higiénicas para todas las familias. Aunque en Madrid solo se desarrolló parcialmente —a lo largo de la actual calle Arturo Soria—, el proyecto tuvo gran influencia internacional e inspiró modelos posteriores como las ciudades jardín de Ebenezer Howard. Representaba una alternativa visionaria al ensanche clásico: más verde, más social y pensada para una vida urbana más saludable.


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Sobre la Ciudad lineal |
1894 |
1894 |
La Ciudad lineal (Madrid. 1897) Del 05/01/1900 al 10/12/1931 |
La Ciudad Lineal como sistema nuevo de construcción de ciudades. 1913 |
Espacios públicos modernos
La consolidación de la ciudad moderna no puede entenderse sin el protagonismo de los espacios públicos. Parques, plazas, paseos y bulevares se convirtieron en símbolos de la modernidad urbana y en lugares donde se escenificaba la vida social. Inspirados en modelos europeos como los boulevards de Haussmann en París o la Ringstrasse de Viena, los ayuntamientos españoles promovieron proyectos que buscaban combinar funcionalidad, estética y prestigio.
En este contexto, los parques urbanos cobraron una importancia especial. Ejemplos como el Parque del Retiro en Madrid, reabierto al público en el siglo XIX, o el Parc de la Ciutadella en Barcelona, construido sobre los terrenos de la antigua fortaleza militar, muestran cómo el espacio verde se convirtió en un elemento esencial de la vida ciudadana. Estos lugares no solo ofrecían aire y naturaleza a una población cada vez más numerosa y hacinada, sino que también funcionaban como escenarios de ocio, sociabilidad y prestigio burgués.
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Zoom histórico: El Parque del Retiro, de jardín real a pulmón urbano El Retiro nació en el siglo XVII como un jardín privado de Felipe IV, anexo al palacio real construido en la zona. Durante más de dos siglos fue un espacio restringido a la corte y a la nobleza, símbolo del poder monárquico. La Guerra de la Independencia (1808–1814) marcó un punto de inflexión: el parque fue ocupado por las tropas napoleónicas, que lo usaron como fortificación, causando graves daños en jardines y edificios. En el siglo XIX, el cambio político y social transformó su destino. En 1868, tras la revolución conocida como La Gloriosa y la caída de Isabel II, el parque fue cedido al Ayuntamiento de Madrid y abierto definitivamente al uso público. Desde entonces se consolidó como un espacio de sociabilidad urbana, escenario de paseos, espectáculos y actividades culturales, pero también como un “pulmón verde” que respondía a las nuevas ideas higienistas sobre salud y calidad de vida en las ciudades. El Retiro simboliza el paso de la ciudad aristocrática a la ciudad moderna: de los jardines exclusivos de los reyes a los parques públicos de la ciudadanía.
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Zoom histórico: El Parc de la Ciutadella El actual Parc de la Ciutadella ocupa los terrenos de la antigua fortaleza militar construida por Felipe V tras la Guerra de Sucesión (1714). Aquella ciudadela, símbolo de control sobre Barcelona, fue durante más de un siglo un espacio poco querido por los barceloneses, que la percibían como una imposición y un recordatorio constante de la derrota. En la segunda mitad del siglo XIX, en pleno auge de los movimientos liberales y con la ciudad en expansión, se decidió derribar la fortaleza y transformar sus terrenos en un gran espacio público. En 1868 el Ayuntamiento adquirió los terrenos y encargó al arquitecto Josep Fontserè el diseño del parque. El Parc de la Ciutadella se convirtió en el primer gran parque público de Barcelona y fue escenario de la Exposición Universal de 1888, que sirvió para proyectar una imagen de modernidad internacional. Con sus jardines, avenidas, fuentes monumentales y espacios para exposiciones, el parque encarnaba la nueva concepción de los espacios verdes como lugares de ocio, sociabilidad y prestigio burgués. Además de su función recreativa, el parque tuvo un enorme valor simbólico: significó la apropiación ciudadana de un espacio antes militar y represivo, transformado en un lugar de encuentro, cultura y orgullo urbano.
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Las plazas y paseos arbolados también vivieron una gran transformación. En ciudades grandes y medianas aparecieron paseos centrales como el Paseo de Recoletos en Madrid o el Paseo de la Concha en San Sebastián, diseñados para el paseo burgués, la reunión social y el lucimiento público. Las plazas principales, por su parte, siguieron siendo centros neurálgicos, pero se renovaron con diseños más abiertos y representativos, a menudo vinculados a mercados, teatros o edificios administrativos.

Vistas de San Sebastián y sus alrededores
El culmen de estas transformaciones fue la apertura de grandes avenidas, que combinaban la necesidad de mejorar la circulación con la voluntad de exhibir modernidad. La Gran Vía de Madrid, proyectada a finales del XIX y ejecutada en el primer tercio del XX, se convirtió en el ejemplo más emblemático: una arteria de comunicación que derribaba manzanas enteras para trazar un eje monumental, donde se instalaron comercios, cines y edificios representativos de la modernidad arquitectónica.

La Gran Vía/ proyecto presentado por el arquitecto D. Carlos Velasco al Exmo. Ayuntamiento de Madrid
En todas estas iniciativas, los espacios públicos tenían una doble función:
- Sanitaria y funcional: ofrecer ventilación, luz y circulación a una ciudad densificada.
- Simbólica y social: mostrar la modernidad y el poder de la burguesía, al tiempo que ofrecían escenarios para el ocio, el consumo y la sociabilidad urbana.
La vida en la ciudad moderna se transformó gracias a estos espacios: el paseo, el encuentro en la plaza o la asistencia a un espectáculo en una avenida principal se convirtieron en experiencias propias de una nueva cultura urbana.
Infraestructuras y movilidad en la ciudad moderna
La expansión de las ciudades en el tránsito del siglo XIX al XX no se limitó a la construcción de nuevos barrios o espacios públicos. Para que la vida urbana moderna fuera posible, fue necesario desarrollar infraestructuras que garantizasen movilidad, salubridad y servicios básicos. Este proceso transformó tanto la fisonomía como la experiencia cotidiana de la ciudad.
- Calles y viaductos: nuevos ejes de comunicación
La apertura de grandes avenidas y la construcción de viaductos marcaron la fisonomía de la ciudad moderna. Las calles estrechas medievales, poco ventiladas y congestionadas, dieron paso a calles rectas y amplias, concebidas para el tráfico rodado, el tranvía y el paseo burgués. En Madrid, proyectos como la Idea General del Proyecto de la nueva Calle que une la Plaza de San Marcial con la de San Francisco pasando la Cuenca de la Calle de Segovia por un Viaducto de hierro muestran la ambición por superar barreras topográficas y conectar barrios antes aislados. Estas infraestructuras no solo eran funcionales, sino que transmitían la imagen de progreso y modernidad.
- El tranvía y la movilidad urbana
La electrificación de finales del siglo XIX impulsó el desarrollo del tranvía eléctrico, que se convirtió en el medio de transporte urbano por excelencia. Permitía unir el centro con los nuevos ensanches y barrios periféricos, haciendo posible que obreros y burgueses compartieran, aunque de manera desigual, el espacio urbano. Ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia desarrollaron extensas redes de tranvías, que transformaron la percepción de la distancia y el ritmo de la vida cotidiana.
La siguiente colección de recursos muestra los planos de los diferentes barrios de la ciudad de Madrid a inicios del siglo XX. En cada uno de ellos se indica, mediante código de color, la tipología de suelos, edificios y pavimentos, además de estar representados los jardines, cultivos, líneas de tranvía y ferrocarril.
🔗 Ver colección de mapas de los distritos de Madrid

[Madrid. Barrio de La Biblioteca. Planos de población. Ca. 1906. ]
- Salubridad e infraestructuras sanitarias
El crecimiento demográfico y la densidad urbana hicieron imprescindible mejorar la salubridad. Se construyeron sistemas de alcantarillado, de abastecimiento de agua potable y controles sanitarios de viviendas, como el Proyecto de empadronamiento sanitario conservado en la BNE Digital. Estas medidas buscaban combatir epidemias recurrentes (como el cólera de 1885 en Valencia o Barcelona) y reflejaban la influencia del higienismo en el urbanismo. La ciudad moderna debía ser también una ciudad saludable.
- Tecnologías urbanas: luz, agua y comunicación
La llegada de la electricidad transformó el paisaje urbano: el alumbrado eléctrico público sustituyó progresivamente a los faroles de gas, prolongando la vida social y cultural más allá del día. El telégrafo y, más tarde, el teléfono, facilitaron la comunicación entre barrios y con otras ciudades, consolidando a la urbe como nodo de redes más amplias. El acceso al agua potable y la canalización también marcaron un antes y un después en la calidad de vida, aunque no siempre de forma equitativa entre barrios ricos y pobres.
Recursos para investigar la ciudad moderna
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, las ciudades cambiaron profundamente. Se diseñaron ensanches amplios y ordenados, aparecieron nuevos modelos de vivienda, se construyeron tranvías, avenidas, parques y redes sanitarias, y todo ello proyectaba una imagen de progreso y modernidad, similar a la de las grandes capitales europeas.
Pero esta modernidad también tenía su otra cara: barrios obreros con malas condiciones, desigualdad en el acceso a los servicios y una clara separación social entre zonas burguesas y periféricas. Entender estos contrastes te ayudará a descubrir que la ciudad no solo cambia con edificios o planos, sino también con las personas que la habitan y con las diferencias sociales que la configuran.
Para trabajar este momento, encontrarás una selección de documentos y materiales de la BNE Digital y la Hemeroteca Digital (HD). En ellos podrás ver cómo se pensaron, planificaron y representaron las ciudades modernas: proyectos de vivienda obrera, estatutos de sociedades urbanizadoras, informes sobre tranvías y servicios públicos, planos y fotografías de plazas, paseos y bulevares. Estos recursos te permitirán analizar fuentes reales y comprender cómo se construyó la idea de modernidad urbana en España.
No te limites solo a los ejemplos propuestos: puedes seguir investigando en la BNE Digital y la HD con palabras clave como ensanche, extrarradio, casas baratas, higiene urbana, plazas o tranvía. Así ampliarás tu investigación y podrás descubrir nuevos documentos que te ayuden a entender mejor cómo se transformaron las ciudades.
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Recursos para consultar |

